Este modo es ideal para sistemas en los
que la información cambia constantemente y en los que una
simple copia de seguridad no sería factible porque habría
que hacerla demasiado a menudo para que fuese útil. Cuando
uno de los discos duros se daña, basta con conectar uno
nuevo en su lugar y el sistema RAID copia automáticamente
la información en él. El principal inconveniente
de RAID 1 es que la capacidad total es igual a la de un sólo
disco duro, por lo que no se gana ni en espacio ni en velocidad
de acceso.
RAID 10/0+1: estos
modos son combinación de los dos anteriores; tenemos redundancia
mediante un sistema en espejo, y tenemos agrupamiento de discos
para conseguir mayor capacidad y velocidad. Ambos ofrecen lo mismo,
aunque de una forma ligeramente distinta: mientras que RAID 0+1
es un par redundante de unidades agrupadas, RAID 10 es una agrupación
de pares redundantes; la diferencia está en que, en caso
de fallo de una unidad, el sistema RAID 0+1 es más vulnerable
a sucesivos fallos.
¿A qué se debe esto? Si falla un disco en un sistema
RAID 0+1, se pierde la redundancia pues uno de los espejos está
corrupto (recordemos que primero agrupamos los discos en dos conjuntos,
tratando cada uno de esos conjuntos como un único disco),
por lo que basta con que falle otro disco para perder todos los
datos (si falla otro disco, será dentro del otro grupo
espejo, porque los del primer espejo, que es donde ya falló
uno, no se estarán usando y, por tanto, no tienen por qué
fallar). Sin embargo, en un sistema RAID 10 es cada disco el que
tiene su propia copia (esto es porque agrupamos los discos de
dos en dos, y cada grupo se convierte en un único disco
con espejo; este conjunto de pares de discos espejo se convierte
en un único disco de más capacidad), por lo que
para que se pierdan datos han de fallar un disco y su espejo;
si en vez del disco espejo falla otro cualquiera, el sistema seguirá
funcionando, porque cada disco averiado tendrá su espejo
en perfecto estado de funcionamiento.
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